texto Samaniego

Texto publicado por Alberto Ruiz de Samaniego no suplemento cultural de ABC o  9 / II / 07

LA RUINA, LO INDESTRUCTIBLE

Las casas en ruinas, abandonadas, cegadas, decrépitas que el fotógrafo gallego Manuel Sendón ha realizado con clara voluntad de archivo despliegan una suerte de belleza aurática, turbia e inquietante: justamente la del principio rilkeano de lo terrible que apenas podemos soportar. Pero, al tiempo, articulan un feroz llamado simbólico donde esos mismos signos precarios adquieren dimensiones existenciales que pueden alcanzar de lleno la conciencia social o incluso política. Pues nada, ciertamente, más tremendo que una vivienda familiar sometida a estos procesos de degradación y pérdida. Hay ahí una agudísima encarnación de una distancia culpable, de una insoportable extrañeza que irradia, sin embargo, desde la más íntima cercanía, la que corresponde al espacio natal, la casa del padre, por ejemplo.

Como con alucinada precisión, cercana a la omnipresente fatalidad de la tragedia antigua, la reiteración tipológica de estas imágenes nos educa en el destino – ya cumplido o cerrado- y amargo de lo que una vez fue nuestro, de lo que fuimos o tal vez aún somos, a menudo sin – ya – quererlo. Casas, pues, como espectros o apariciones del trasmundo: no son el vestigio de vanas disposiciones de tiempos más o menos remotos, son como admoniciones, la pervivencia de algo que – aun abandonado- se niega a desaparecer allí donde la noche de la humanidad sólo desearía la nada que favorece la especulación salvaje o el progreso anónimo y despersonalizado. De modo que eso natal que interesadamente consideramos que había dejado de existir continúa en la dimensión espectral insistiendo obscenamente; tendiendo, pues, con desmesura a la existencia. El exceso fantasmal: lo indestructible.

Resulta congruente que la aparición de la casa desolada se haga más imperiosa precisamente en los momentos de ambigüedad identitaria y, podríamos decir, mnémica, de la comunidad, aquélla que, ante las tremendas transformaciones de lo moderno, parece dirigir sus intereses hacia otros proyectos de vida, distintos territorios  y modos de habitación. Pero estas casas son muertos que hablan. Muestran en todo su esplendor fantasmático y un tanto edípico el lugar del origen como un espacio en falta, o de falta. Su esencia de espíritus nos persigue y angustia con su intempestiva presencia hipnótica, siempre a destiempo y acaso contra toda voluntad. Desde el abandono, su exigencia misma pone en cuestión nuestro presente desmemoriado. Mientras ellas estén ahí, y en su específico estar como ruina, sucederá como si la realidad misma no estuviese suficientemente fundamentada, como si en ella siempre se instaurase una brecha problemática que el fantasma justamente viniese a ocupar, pero que, precisamente a causa de su carácter excesivo somos incapaces de integrar y por lo tanto nos vemos obligados a experimentar como una aparición de pesadilla. El retorno, de lo que somos, obscenamente reprimido. La ruina sería, así, lo que en definitiva es más real que la realidad misma, o, diríamos con Lacan, lo Real mismo insoportable, una posición ciertamente inhabitable con la que la realidad del espacio público y el cuerpo simbólico y social no parecen transigir.

La ruina, es cierto, posee un poder de sugestión y de impulsión que transita por determinaciones tanto conscientes como inconscientes, lo que le hace alcanzar ámbitos de expresividad y de proyección sensorial – y, diríamos, pulsional-  hasta entonces insospechados, a la vez que delimitar relaciones de poder o captación, de vigilancia, reminiscencia, comunicación y autoridad para las cuales el fenómeno mismo de la capacidad de aparición, transmisión, repetición y registro -como la enfática neutralidad frontal y serial de Sendón hace evidente- ha de tener sin duda una importancia esencial. Aquí no se trata de aprovechar, por ejemplo, el imaginario ruinoso para implementar una narratividad fantástica, ni siquiera evocativa al modo proustiano.

Las imágenes de Sendón nos enfrentan más bien con una inminencia que evoca la voluntad inagotable de insistir que tiene lo real. Por eso se establece, entonces, el malestar, ese umbral de la angustia. Pues la angustia significa a la vez la presencia de una ausencia y la ausencia presente, la existencia inexistente y la inexistencia de la existencia. En fin: la presencia invisible de aquello que no está allí. La angustia es, ciertamente, un estado de ánimo esencial, en ella tocamos a la manera de Schelling el resto incomprensible de la realidad. Pero ese resto oscuro que la razón no puede disolver recibe también en Schelling la denominación de fundamento de la existencia, en un doble sentido: como origen y como sustancia. Ese resto – del que cada casa desolada es como una encarnación- es el germen de la acción artística. De forma que sólo porque la angustia linda con eso inhóspito que se resiste y que nos constituye, ha de ser también capaz de trazar un principio de renovación de la existencia, de cada singularidad o historia. Es en este sentido que decimos de estas imágenes que puedan ser políticas, porque constituyen en definitiva lo contrario de toda tranquilización y todo aseguramiento. Como si, al configurar esta enciclopedia de ruinas, el fotógrafo no revelase otra cosa que lo propiamente indestructible que – casi siempre a pesar nuestra- nos construye.

Alberto Ruiz de Samaniego

3 respostas a “texto Samaniego

  1. Estimado Manuel Sendon:

    Soy Mar Chao, productora del espacio NATUREZA que se emite diariamente en Televisión de Galicia. Estamos muy interesados en realizar un reportaje sobre su obra CREBAS. Para ello queríamos grabarle una entrevista de 3 preguntas. Y poder tener acceso a las 10 fotografías.
    Nuestra intención es poder realizar el reportaje con usted el miércoles 22 del presente mes, para ello no le robáremos más que 2 horas. Ó la entrevista que se puede realizar en 40’. Y luego poder disponer de las fotos en CD.
    Ruego contestación lo antes posible al MO. 607417910.

  2. estoy impresionado, buscando en el google encuentro que hay una persona que se llama igual que yo y que es de origen gallego igual que yo. Creo que la diferencia esta en los años, yo naci el 15/05/1955 en Muros de San Pedro provincia de la Coruña. Lo unico que espero que este señor se porte bien no valla ha ser que me caiga un palo. Saludos

  3. melisa ortega sendon

    inprovisamente , encontre fotos suyas en el internet , interesantes .
    capturar una imagen , como una mariposa en las manos , solo que mueren , y las fotos?
    me llama la atencion su apellido que es igual al mio , o el mi es igual al suyo ja
    lo saludo ,
    me falto
    imaginacion para hacer este mensaje
    diculpeme

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