MADRID MIRADA. 14 artistas latinoameircanos. 2008

Texto do catálogo da exposición Madrid Mirada. 14 artistas latinoamericanos, presentada no Circulo de Bellas Artes de Madrid e itinerante posteriormete por 12 países de Latinoamérica. 

ISBN:978-84-96209-94-7

Manuel Sendón 
X.L Suárez Canal

La relación entre la creación artística y las dinámicas que la producen varió sustancialmente a lo largo de la historia, emancipándose de las encomiendas en la modernidad. En fotografía la situación fue muy diferente, gran parte de las fotografías que hoy forman las colecciones de los museos fueron realizadas para cumplir funciones concretas como la publicidad o el fotoperiodismo, no surge, salvo excepciones muy singulares, una producción desligada de su carácter funcional sometida a la dinámica hasta hace pocos años, cuando la fotografía se incorpora plenamente al campo del arte. Sin embargo a medida que esa emancipación se iba produciendo también fueron surgiendo proyectos, que tomando como referente proyectos como la Mision Heliográfica o la FSA por solo citar dos ejemplos, le daban un nuevo significado al concepto de encargo, proponiendo el trabajo sobre un tema o territorio pero sin limitarlo a ningún tipo de exigencia o función, dando, a diferencia de los proyectos convencionales, plena libertad. Este tipo de propuestas existieron y existen hoy en día en diferente medida en algunos países de los que el proyecto La Mission Photographique Datar llevado a cabo en Francia fue un ejemplo referencial.

Nosotros tuvimos la experiencia de organizar uno de ellos, Vigovisións, realizado entre 1986 y 2000 en el marco de la Fotobienal de Vigo, consistente en invitar a fotógrafos de diferentes culturas y concepciones estéticas a trabajar en la ciudad de Vigo sin ningún tipo de exigencia, siendo ellos los que decidían en que medida la ciudad debía de aparecer reflejada en sus trabajos. Como comisarios del proyecto pudimos comprobar como algunas fotografías transcendían al propio proyecto y después aparecían incluidas en exposiciones y publicaciones monográficas de los diferentes fotógrafos.

Es necesario aclarar que la obra realizada en este tipo de proyectos no puede ser tomada, ni comparada, con una selección de obra ya hecha o una serie realizada durante un tiempo más o menos largo. El hecho de que no se seleccionen unas obras concretas que se conocen y se sabe su relevancia, y que en cambio se proponga la realización de obra nueva sin condiciones, le da un carácter abierto al proyecto, con lo que lleva implícito de sorpresa e incluso la incertidumbre, sobre todo teniendo en cuenta que los artistas deben de partir al trabajar, de un espacio que no es su espacio habitual. El desafío que lleva implícito determina una dinámica muy interesante porque potencia y posibilita la experimentación y la reflexión sobre las posibilidades del propio trabajo, estableciendo retos que en ocasiones se enmarcan en proyectos ya existentes y que en otras abren nuevas líneas de trabajo. Esto fue lo que nos llevó a aceptar el reto del proyecto Madrid Mirada.

Madrid Mirada que tiene además la interesante particularidad de estar dirigido a Latinoamérica, un universo tremendamente rico y al que en ocasiones no se le otorga la relevancia que tiene, encontrando generalmente mayor proyección, los artistas procedentes de otros territorios con mayor poder político y económico. No hay más que darse un paseo por la ciudad para ser conscientes del importante número de personas de otros países que configuran la ciudad de Madrid y que una gran parte de ellos son latinoamericanos. Esto hace que resulte interesante y atractivo un proyecto constituido por el trabajo de artistas latinoamericanos en Madrid. El hecho que las condiciones de vida de los emigrantes sean duras y los problemas con los que se encuentran no sean pocos hace que el proyecto tenga aun más sentido.

El proyecto Madrid Mirada está basado en la propuesta de invitar a trabajar en Madrid a 14 artistas latinoamericanos, cada uno procedente de un país distinto, sin ningún tipo de exigencia ni limitación temática, debiendo decidir cada uno en función de sus propias concepciones con total libertad la presencia que la ciudad en su obra. No se trataba portanto de enfocar el trabajo desde el punto de vista de un reportaje al uso. Para realizar la selección de los artistas pueden adoptarse criterios de muy distinta naturaleza, dado que la fotografía está inmersa en campos muy diferentes. Nosotros optamos fundamentalmente por escoger a personas que estaban ubicadas en los espacios discursivos del arte, se podría haber hecho otra selección basada por ejemplo en personas perteneciente al fotoperiodismo, no sería ni mejor ni peor sería simplemente distinta.

El hecho de que los artistas elegidos pertenezcan a países diferentes permite mostrar la pluralidad y variedad de lo que se entiende por Latinoamérica, supeditada en este caso a lo que fue la configuración histórica de los estados. Desde el primer momento no se nos escaparon las limitaciones y problemas que ello llevaba consigo, son muy diferentes las características de cada país en cuanto a extensión, población, recursos, historia… como lo son en cuanto a su actividad cultural y artística. Así, al habernos impuesto la obligación de elegir un solo artista por país, resultó realmente complicada la elección de una sola persona, se podrían haber elegido a otros artistas cuya obra hubiera sido tan relevante como el elegido. En otros países resultó mucho más complejo. Hay que tener en cuenta también la complicación que este tipo de proyectos tienen a la hora de seleccionar artistas, por el hecho de que tienen que desplazarse y trabajar en un momento determinado. Esta selección debe ser vista como una de las posibles selecciones a realizar. No debe ser vista por lo tanto como resumen concluyente sobre el panorama de la fotografía latinoamericana, lo que obviamente resultaría mucho más complejo y necesitaría un estudio mucho más intenso. Asi pués, en este caso, no fue nuestro propósito, a pesar de que llevamos años comisariando exposiciones y publicaciones en las que se incluyeron artistas latinoamericanos, realizar un estudio en profundidad sobre la situación de la fotografía latinoamericana actual, o más concretamente sobre la relación entre arte y fotografía en ese contexto geográfico. Lo que sí debemos reconocer es la utilidad en la preparación de este proyecto de algunos de los estudios ya realizados como puede ser Mapas abiertos de Alejandro Castellote.

Pretendimos que la elección fuera rica en cuanto a que registrase una importante pluralidad de planteamientos artísticos y que fuera un reflejo de la importancia que tiene la fotografía en el arte latinoamericano, en un momento en que podemos decir que el arte se volvió fotográfico. Esta pluralidad hace que algunos de los artistas escogidos se expresen habitualmente usando la fotografía como medio e incluso como medio único y en otros casos son artistas que habitualmente usan también otros medios en particular el video, dado que son comportamientos generalizados hoy en día. A pesar de que hay algún artista que su obra dialoga de una forma más directa con la tradición histórica estrictamente fotográfica, hoy en día dejó de tener vigencia la división entre el campo del arte y el de lo que se denominaba “fotografía creativa” o “fotografía de autor”, que existía hace un par de décadas y que se generaban en dinámicas muy diferentes.

Las propuestas realizadas se caracterizan por su diferente naturaleza, poniendo de manifiesto la pluralidad de posibilidades que el medio fotográfico pode aportar a arte neste momento. Las propuestas realizadas se caracterizan por su diferente naturaleza, poniendo de manifiesto la pluralidad de posibilidades que el medio fotográfico puede aportar a la creación artística en este momento. Conviven series formadas por fotografías individuales, con otras en las que se exploran las relaciones entre ellas a través de dípticos o polípticos; fotografías materializadas en objetos con otras que interaccionan con sus propias sombras o fotografías que dialogan con el video o con las reproducciones sonoras. En lo que respeta a las técnicas se manifiesta la diversidad de procesos, desde el blanco y negro, virando al sepia con una intencionalidad muy diferente a la de los fotógrafos de hace más de un siglo, hasta el uso de la imagen numérica en ocasiones manipulada posteriormente e incluso trabajando con imágenes estereoscópicas para generar la sensación de espacio.

 Jonathan Harker

 El trabajo de Jonathan Harker coincide con el que está haciendo en la actualidad en Panamá sobre la especulación inmobiliaria. De ahí que cuando se encontró en Madrid el gigantismo de estas construcciones le resultaran familiares y al mismo tiempo le causaran consternación, porque si bien allí “encajaban perfectamente” aquí rompían totalmente con todo lo que es una estética arquitectónica basada en el peso de un pasado histórico.

Frente a una ciudad ideal que pudiera aparecer como elemento dinamizador de un progreso controlado y puesto al servicio del hombre nos ofrece una visión de una ciudad alienante en donde se empieza a adivinar, el horror y el descontrol.

Este trabajo a través de una crítica no exenta de una cierta ironía ya que adopta, a veces, la estética de la postal turística, no es una fotografía que se base en la imagen inventario puramente descriptiva, sino que al contrario, Harker se involucra en este recorrido, como si se tratará de un diario autobiográfico, apropiándose del espacio, como para dejar constancia de su paso por allí. Esta presencia constante de la ciudad la mayoría de las veces mezclada con las expresiones de la cara en la que él nos deja adivinar su impotencia y su desencanto, contrastan con el reflejo a veces confuso y frió de una realidad ingrata, inevitable, que nos lleva a la masificación y a la uniformización del entorno urbano estemos donde estemos.

Eustáquio Neves

 Eustaquio Neves en Imágenes transitorias juega con dos elementos que dan a su trabajo un claro contenido social. Por un lado los acontecimientos ocurridos esos días en la Cañada Real en donde “vecinos ayudaron a construir una casa derribada por una grúa municipal” y por otro lado a modo de contraposición, vuelve su mirada hacia “ese paisaje transitorio y efímero” del mundo inmobiliario.

Hace dialogar estas dos ideas dotando a la serie de un claro contenido reivindicativo. Constata, hace inventario, colecciona un paisaje que conserva en la imagen a través de un falso documental, que consigue partiendo de una idea que transforma interviniendo en la imagen y dotándola de un nuevo significado. Esta visión subjetiva la consigue a través de la yuxtaposición de varios negativos que posteriormente vira a sepia, construyendo una nueva realidad mágica muy plástica.

 En sus imágenes crea un ambiente nebuloso que hace que se mezclen dos realidades a través de la utilización metafórica de ciertos elementos como queriendo guardar los unos en la memoria de un archivador, frente a esos otros mucho más efímeros que pueden desaparecer con el tiempo de sus recuerdos.

Tomás Ochoa

Tomás Ochoa en La casa ideal aborda, desde una clara perspectiva social y política, la relación entre la aplastante presencia de habitáculos en construcción a lo largo de la geografía urbana y la anónima fuerza de trabajo de los inmigrantes que los levantan.

Ochoa presenta una obra compuesta de fotografía y video. Dos realidades que él pretende hacer dialogar. Por un lado construye unas “arquitecturas ficticias” a partir de edificios en construcción uniendo digitalmente decenas de edificaciones para crear una enorme panorámica en la que se acentúa y multiplica la abrumadora disposición en celdas de estas construcciones. Por otro lado el contrapunto de un video que da cuenta de la realidad imaginaria de los inmigrantes que las construyen. Varios peones describen, con la voz en off, su espacio vital ideal. Una visión mucho más subjetiva en frente de esa visión más neutra, metódica y fría que acentúa más esa distancia que separa a estos dos mundos.

La imagen densa, de elementos en la que apenas”, hay espacio, en donde la puesta en escena digital del “espacio escénico saturada nos muestra una presencia deliberada del artista para una imagen agobiante que lo aleja de la pretendida objetividad y que lo coloca del lado de esa “mano de obra anónima” dotada de un discurso mucho más humano.

Pablo Zuleta Zahr

            Pablo Zuleta Zahr elabora en Horizonte de sucesos unas tramas narrativas en su aproximación a Madrid desde el metro, “escaneando la ciudad por  debajo”, como símbolo lineal de la  superficie de la ciudad.

            El trabajo pretende ser un “íntimo psicograma” en donde los personajes de la realidad  son descontextualizados del tiempo-espacio geográficos, en que viven, para ser  reagrupados digitalmente en una deslocalización generalizada que va a crear nuevos vínculos sociales en unos espacios y tiempos diferentes. Este nuevo cuadro índice es lo que va a dar fuerza a esa nueva composición acentuada por la componente estética de la imagen, creando nuevas relaciones que se establecen entre ellos de forma ficticia.

            Personajes entre los que se adivinan miradas inquietantes, entre los que existe desconfianza, amor, personajes que dudan, o que parecen ausentes, rodeados de un aura de cierto misterio, personajes que nos muestran el peso de su existencia. Aparece la ciudad como un espacio lleno de gente pero en donde la soledad, las historias personales, los momentos de reflexión existen.

Al generar nuevos escenarios a través de la manipulación digital, esta serie nos invita, como si se tratara de una narración fílmica, a llenar esos espacios elípticos entre los personajes que se encuentran en este nuevo espacio/tiempo ficticio/real enriqueciéndola y adentrándonos en el terreno social y político, a partir del momento en que nos damos cuenta que una buena parte de ellos son emigrantes. 

Priscilla Monge

Priscila Monge nos plantea un trabajo que parte de las impresiones que le producen ciertos espacios aparentemente anodinos, como una tienda del Rastro de Madrid, sin gran interés y que sin embargo son portadores de significados. Son espacios que permiten establecer nuevas relaciones, convirtiéndolos así en sitios imaginarios, mágicos, en donde cada foto puede engendrar un discurso narrativo, una historia, que hagan surgir una nueva realidad, ficticia, vinculada al recuerdo.

A partir de las fotografías del espacio de esta tienda sin un significado especial, en donde se amontonan objetos que infunden un cierto misterio, Priscila Monge va a generar historias/fotografías habladas al proponer estas imágenes a diferentes personas para que cuenten lo que ven o lo que les sugieren. En este trabajo se pone de manifiesto el poder de sugestión de la imagen, su polisemia, al echar mano de la memoria y el recuerdo, dejándose llevar por los diferentes códigos culturales y conocimientos intertextuales de las personas que hablan. De este modo el espectador va a contraponer la imagen hablada con la imagen que está viendo.

Momentos de paso. Un simple espacio encontrado al azar basta para crear una historia que pueda trascender y darle un significado a una visita pasajera de la ciudad. Ese espacio cobra significado y queda en la memoria para siempre.

Alexander Apostol

 Para Alexander Apóstol los edificios siempre fueron un medio para abordar temas relacionados con la identidad de la sociedad que los construyo, como ya sucedió en su anterior serie Residente Pulido. En esta serie las torres de la Plaza de España, que aparecen enmascaradas por los árboles, le permiten reflexionar sobre la sociedad española estableciendo un diálogo entre el pasado y el presente. Un pasado que nos lleva al momento en que se construyeron estos edificios en los años 50 que pretendían ser un espejo de modernidad y prosperidad económica para la sociedad franquista, “velando” como el dice, la situación económica y política española de la época y un presente en el que estos edificios se convierten de forma metafórica, reforzada por la oscuridad de las fotos, en testigos de una situación actual en donde la importancia que la construcción tiene en la economía española oculta otra realidad más confusa regida por la especulación inmobiliaria. Alexander Apóstol con el título “Los árboles del Pardo” alude claramente a lo que él considera una situación de la sociedad española que aún no apartó los miedos del franquismo, que están ahí y que gravitan sobre la democracia española que no llega a deshacerse de ellos.

La gran plasticidad de las fotografías lograda en base al uso muy sutil del color, contribuyen a ello y nos reclama la atención hacia las torres, pero en el momento que pretendemos fijarnos en ellas, nos resulta imposible porque las hojas de los árboles nos dificultan su visión, lo que genera cierta tensión reforzando el dialogo pasado / presente que se establece entre las imágenes. Reforzada por el dialogo que se establece entre las diferentes imágenes que configuran el políptico.

 Jaime Avila Ferrer

Madrid, y España en general, es el lugar de destino de un importante número de colombianos y el sueño a alcanzar por muchos otros. La ciudad se convierte en un lugar en donde las diferentes culturas se mezclan y se confrontan. En “El rapto de Europa”, Jaime Ávila aborda esta transformación de la ciudad mediante la inclusión por procedimientos digitales de textos sobre los edificios o personas procedentes de Colombia en lugares muy significativos de Madrid como La Gran Vía, que a el le recuerdan la arquitectura colonial de su país, el Museo del Prado, o barrios como Lavapies en los que la presencie de emigrantes es muy relevante. Aunque las personas que introducen pueden pasar desapercibidas, tienen un sentido muy especial al ser nativos de Boyaca (lugar en donde tubo lugar la batalla que culminó con la independencia de Colombia) y que al mismo tiempo es una zona donde hay un gran número de campesinos con rasgos españoles.

Para la realización de esta serie usa fotografías que tienen una estética similar a la de las instantáneas de viaje, tanto por sus características formales, verticales caídas, entradas frontales de luz, como por los lugares escogidos y el tratamiento que hace de ellos o la forma de abordar lugares públicos, que en algunos caso enfatiza mediante el retoque digital, colocando así al espectador más cerca de la realidad por ser una fotografía que tiene una lectura con la que estamos más familiarizados, por parecerse a las fotografías que incluimos en los álbumes.

 Sandra Boulanger

 

 Sandra Boulanger se plantea experimentar con un escenario que le es desconocido, siendo consciente de la historia de la ciudad y pretendiendo huir de lo que puede tener un significado específicamente más local, buscando elementos que le puedan resultar familiares. Encontró en la librería La Celestina el espacio que consideraba que le permitía por medio de sus espejos, mostrar el dinamismo de la ciudad moderna y al mismo tiempo hacer referencia al paso del tiempo, mediante las manchas y los deterioros que tienen los envejecidos espejos.

Nos enfrentamos a una realidad que a través de los espejos aparece difuminada, en la que los personajes deambulan, situados en un sitio imaginario como si de un sueño se tratara, lo que le confiere un cierto misterio a las imágenes además de un marcado carácter plástico, estableciendo una continuidad entre las fotografías de esta serie que nos recuerda a una tira de fotogramas de una película. La búsqueda plástica que se refleja en este trabajo sigue la misma línea de trabajos precedentes aún tratándose de una temática y de un país diferentes.

 Milagros de la Torre

La obra de Milagros de la Torre se caracteriza por la importancia que le presta a los objetos, y no por sus características específicas o por su belleza, sino por su significado en cuando nos remiten a las personas que los usaron y a las circunstancias en que lo hicieron.

En este caso se acerca a Madrid intentando aproximarse a su historia a través de objetos enfatizando la distancia temporal con la intervención sepia sobre las imágenes. Se aproxima a la figura Franco, a través del uso alegórico de algunos de sus objetos de uso común, los que descontextualizados, ocupando toda la imagen y parcialmente desenfocados, adquieren una presencia fantasmagórica que nos remiten a un pasado oscuro y trágico. Asi aparecen sucesivamente el escritorio en donde firmaba las sentencias de muerte, la hombrera de uniforme que nos recuerda el golpe de estado que lo llevó al poder con un millón de muertos, el reclinatorio y el confesionario que nos recuerdan al papel represor y legitimador que jugó la iglesia dentro del régimen nacional-catolicista, y la almohada que nos puede llevar a que nos preguntemos si todo el dolor que ocasiono no le generó pesadillas, o si fue insensible hasta ese nivel.

Presenta estas imágenes con el título global “FF”, acompañada cada una de ellas unicamente con la palabra que describe al objeto, por lo que pueden sugerir otras ideas totalmente distintas, lo que nos hace reflexionar sobre la no transparencia del medio fotográfico, y su naturaleza ambivalente. En este caso la autora deja abierta su lectura, y nos deja a nosotros, espectadores, la libertad de apropiarnos de su significado.

José Manuel Fors

José Manuel Fors como en toda su obra se interesó por el carácter objetual de la fotografía, huyendo de su naturaleza bidimensional. No le presta excesiva atención a la forma de resolver la fotografía en cuando a sus características técnicas o formales, centrándose en la manipulción posteriormente mediante virajes sepias que sugieren el paso del tiempo, consiguiendo que la falta de calidad técnica las vuelva indefinidas, reforzando así la idea de envejecimiento y de su relación con la memoria.

Las imágenes con las que acostumbra a trabajar son generalmente autobiográficas, teniendo relación normalmente con objetos de su entorno cotidianos. En este caso dado la naturaleza del proyecto que le impide trabajar con objetos familiares, usa fotografías que recuerdan las instantáneas de un turistas, funcionando por impulsos a la hora de captar ciertos momentos fugaces y tomadas en lugares como el Prado, el Retiro y otros lugares también céntricos que son visitados por los turistas, construyendo posteriormente estos atados de tamaño próximo al de las fotografías familiares, que adquieren una materialidad plástica y atmósfera nebulosa, provocándonos para que no nos limitemos a verlos sino que su presencia física nos piden que los toquemos.

Maya Goded

Maya Goded fotografía gente anónima, mayoritariamente emigrantes. Hombres y mujeres errantes, perdidos en sus pensamientos que nos hacen pensar en múltiples microhistorias. Personas que resisten contra algo, o viven al margen de algo o pretenden aguantar la presión urbana. En palabras de la autora: “la necesidad de construirse como individuo abstrayéndose como oposición del colectivo”

Las luces, las sombras, el juego de diagonales dotan a las fotografías de magia, transfigurando el espacio urbano y transformándolo en un espacio teatralizado, enfatizando la soledad de los protagonistas, mostrándonoslos aislados dentro de un contexto en donde están situados, en donde la fijación de un instante rompe el discurrir de una existencia, de un tiempo que pasa.

La no frontalidad de la mayoría de las imágenes hace que no se plantee la confrontación, y a través de las luces, sombras, juego de miradas, composiciones diagonales organiza la imagen que nos trae a la mente el “punctum” barthesiano y en otras ocasiones a escenas cinematográficas ya vistas y que estan en nuestra memoria con la soledad como telón de fondo.

Luis González Palma

Luis González Palma en “Eternos presentes” parte de la idea de que la ciudad es una construcción simbólica y que por lo tanto en su estructuración se contemplan las visiones ideológicas que se transmiten y en ellas juegan un importante papel los elementos simbólicos.

Se centra en los monumentos que hacen referencia a personajes históricos que se sitúan en el casco antiguo de la ciudad, por la importancia simbólica que ellos tienen. Pero lo que propone no es la reflexión sobre unos monumentos concretos o el significado histórico de las figuras representadas en ellos, lo que pretende es abordar el significado simbólico del monumento como tal, y la mitificación de los grandes personajes, por eso hace desaparecer digitalmente la figura y queda solo el pedestal.

La intervención digital unida al uso de la fotografía estereoscópica hace que las imágenes se alejen totalmente de la fotografía de representación directa de la ciudad, adquiriendo un carácter fantástico, una mágica irrealidad. Esta sensación queda enfatizada por la propia presentación de las imágenes en cajas de luz ocultas tras la pared, viéndose solo las imágenes a través de las lentes.

Los elementos descontextualizados, inamovibles que simbolizan el pasado dialogan con otros elementos más cotidianos (suciedad, cubos de basura, paredes raidas, restos de andamios…) que resultan irreverentes y que él se cuida de no anular lo que pone de manifiesto las contradicciones implícitas en el proceso de construcción de la ciudad, presentándonosla como algo vivo, que está en constante transformación.

Luís Paredes

Las fotografías de Luis Paredes constituyen una mirada de Madrid desde el lugar donde son expuestas estas visiones sobre la ciudad, desde la azotea del Circulo de Bellas Artes.

Sus imágenes, desenfocadas, sin color, excesivamente claras, con las formas desdibujadas hasta prácticamente desaparecer, sin ninguna referencia al tiempo. La manipulación formal que realiza en el positivazo de las copias en blanco y negro nos propone, un paisaje puro, limpio en el que no existen ni ruido ni saturación. Nos plantea una aproximación minimalista a la ciudad, que entronca con las visión minimalista que caracteriza a su obra, y que en este caso contrasta con la saturación de ruidos, de paneles luminosos, de publicidad, de tráfico y de flujo de personas que caracteriza a las ciudades modernas y en este caso a Madrid.

Las características de estas imágenes nos sugieren al mismo tiempo la dificultad del conocimiento de la ciudad, y de su descripción a través de fotografías, como si la ciudad se nos escapara cuando la queremos aprehender, convirtiendo como el mismo dice estas vistas del espacio urbano en los espejismos que se revelarán en mi memoria ante el recuerdo de mi mirada de Madrid”.

Graciela Sacco

Graciela Sacco acostumbra a abordar en su trabajo la relación de las personas con el espacio público, o mejor dicho, las situaciones de coincidencia de las personas en un mismo espacio de la ciudad. Si antes era la aglomeración de una cola en la que los ciudadanos a pesar de compartir un espacio físico pequeño, estaban cada uno en su mundo, en este caso escoge La “T4”, porque por ella pasan cada momento un gran número de personas compartiendo un espacio, sin que se establezca ningún tipo de relación entre ellas, un espacio de cruce. La T4 representa además el lugar de salida y de entrada a otros países por lo que este cruce tiene una intensidad especial, que le permite mostrar la deshumanización e incomunicación del espacio de cruce que caracteriza a la ciudad. No aparecen personas definidas sino sombras, rastros fugaces, que obtiene al tomar las imágenes desde abajo y posteriormente deformadas mediante proyecciones, con las que logra un aspecto fantasmagórico de las personas, una atmósfera mágica.

A Graciela Sacco no le interesa la fotografía directa en si, ni la imagen en movimiento sin más, para ella son elementos con los que trabajar, piensa que la realidad es demasiado compleja como para limitarla a una imagen directa o una secuencia de ellas, por eso necesita de las instalaciones en donde las imágenes objetualizadas en metacrilato con las sombras que proyectan genera un espacio con importante presencia y una gran fuerza visual.

Al final de este proyecto si hubiera que hacer una radiografía de esta ciudad a través de la visión que estos artistas nos dan en “Madrid Mirada”, se podría adivinar una ciudad en donde la presencia de un pasado histórico contrasta con las huellas más cotidianas de un presente en permanente transformación. Veríamos de forma evidente la presencia de la especulación inmobiliaria, vinculada inevitablemente al mundo de la emigración con la que convive en cierta armonía la sociedad española. Una ciudad con unas señas de identidad propias, en la que conviven personas de muy diferente procendencia, de tal forma que al fijarnos en sus relaciones se insinúan sus problemas. Y una ciudad en donde la existencia de lugares anodinos de paso, son capaces de generar estados de ánimo y sentimientos que enriquecen el descubrimiento de Madrid y que acaban convirtiéndose en decisivos para la memoria y el recuerdo.

 

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